ComarcaSI en YouTube


Feeds de ComarcaSI

Elecciones 2013: Entrevista exclusiva a María Rosa Muiños, candidata a legisladora por el FpV

Nota | 02 00:00:00.10.2013
La segunda candidata en la lista del FpV impresiona por su franqueza y frontalidad. Espera trasladar su experiencia en construcción de consensos y educación en derechos humanos a la Legislatura porteña.
Le gusta a 1 persona · Me Gusta

Acompaña al ex canci­ller Jorge Taiana al fren­te de la lista para legis­ladores porteños del Frente para la Victoria. Tiene 46 años, trayectoria militante peronis­ta y experiencia en la gestión públi­ca. Y dos hijos con un histórico del peronismo de la capital, Juan Ma­nuel Olmos. Como titular del Cen­tro de Estudios de Fortalecimiento Institucional (Cefi) de la Defenso­ría del Pueblo de la Ciudad, impul­só una abarcadora política de ca­pacitación de funcionarios públicos y vecinos. Además, impulsó la Ley 3.285, sancionada por la Legislatu­ra, que estableció la obligatoriedad de la realización de jornadas de for­mación, actualización y capacita­ción sobre derechos humanos, dis­criminación y resolución pacífica de conflictos para los empleados del Estado de la Ciudad.

Como segunda candidata a legisladora porteña, ¿qué le aporta a la lista del FpV?

Para alguien que hace política par­tidaria, la posibilidad de acceder a un cargo electivo es la mayor de las responsabilidades, siempre tra­bajando en los lugares donde cree que puede mejorar la vida de la gente que, en definitiva, es el ob­jetivo final de la política. Por otro lado, creo que con la política hay que trabajar para bajar la violencia que existe entre nosotros. Esta es la reivindicación de la política que hace falta. Por eso trabajo con los empleados públicos y con los niños de las escuelas primarias, porque todos nosotros arrastramos mu­chos prejuicios que son culturales y que son muy difíciles de modifi­car con el correr de los años.

¿A qué tipo de violencia se re­fiere?

Gracias a los medios de comuni­cación prolifera con mayor rapi­dez la información sobre hechos violentos, de violencias de todo tipo. Toda esa información entra en cada casa, se mete en la fami­lia y se traslada a todos los ám­bitos de actuación. Y genera ten­sión en las relaciones, personales y políticas. Para combatir esa si­tuación trabajamos con los alum­nos de escuelas primarias y hemos creado un dispositivo que se llama Construcción de Ciudadanías. Eso es lo que hay que hacer: hay que construirse como ciudadanos en cuanto a derechos y obligaciones. Hay una concepción política que nos pone en el lugar de consumi­dores y, como tal, solo tenemos derechos y ninguna obligación. Debemos corregir esa concep­ción: el ciudadano tiene responsa­bilidades y no puede siempre car­gar las tintas contra otros.

¿Y en qué situaciones prácti­cas se implementa esta Cons­trucción de Ciudadanía?

Te doy un ejemplo: yo me puedo quejar de que la Ciudad esté su­cia o inundada de basura, y eso es responsabilidad del Estado. Pero si no respeto el horario para sa­car la basura o si no reciclo y utili­zo las bolsas adecuadas, no estoy colaborando en la construcción de un ámbito mejor para todos. Ahí hay que actuar.

¿Cómo se puede obligar al ciu­dadano a cumplir con normas básicas de “buena conducta”, por decirlo de alguna manera?

Con educación. Por eso desde la Defensoría trabajamos con más de cien mil alumnos de escuelas públicas de la Ciudad. Porque los chicos son formadores de con­ciencia. No creo en el control ni en las multas, no son políticas que me resulten demasiado simpáti­cas; se trata de una cuestión cul­tural donde los cambios en este sentido son a larguísimo plazo. La clave es la educación, romper los paradigmas. Por eso impulsamos mejorar la atención de los em­pleados públicos de la Ciudad ha­cia los vecinos. Quien tiene un rol de servicio público no puede no atender bien, porque es parte de su trabajo.

¿Cómo analiza la gestión del PRO en el gobierno porteño?

Me parece que hay déficits im­portantes. Uno clave es en la re­colección de los residuos: es la­mentable el estado general de la Ciudad. Y el problema de la basu­ra no es sólo estético sino, bási­camente, sanitario. El hospital de Lugano sigue siendo una deuda pendiente en una zona en la que el único hospital de proximidad es el Santojanni. Además, seguimos con la falta cada vez más aguda de los anestesistas y de auxiliares de enfermería. Otro problema sin resolver es la situación de la gente que vive en la calle. No se puede permitir que haya adultos y niños a la intemperie, que no comen, que están descalzos.

¿Y qué se debería hacer?

Una primera medida es mejorar los paradores, que son pocos. Y la mayoría cumple con las con­diciones que el ingeniero Mauri­cio Macri tiene como política para casi todas las cosas, que es el ser­vicio tercerizado, es decir, se le da a una ONG, pero lo que falla es el control. Recién en esta campaña se abrió un parador para familias. Pero si recorrés la Ciudad y ves la cantidad de fami­lias que están en la calle te das cuenta de que un solo parador para familias no es suficiente.

¿Y qué se puede hacer desde la Legislatura?

Mucho. En principio, con­trolar al Ejecutivo para que cumpla con las polí­ticas públicas que se pre­tenden con las leyes que se sancionan. Y, sobre todo, modificar el proyec­to de presupuesto que se remite para dotar de re­cursos a estas acciones. Hay que trabajar en leyes de aplicación factible que les modifiquen la realidad a la Ciudad y a su gente. Por otro lado, vamos a fomentar desde el Parlamento el incentivo a la crea­ción de empresas de jóvenes em­prendedores. Hace muchos años dirigí un programa que se llama­ba Empresa Joven, que otorga­ba créditos blandos sin intereses para emprendimientos produc­tivos comerciales, que son los que generan la mayor cantidad de empleo en la Ciudad. Es algo muy interesante desde el punto de visto del estímulo del trabajo a tasa cero.

Los funcionarios del PRO en­tienden que el Gobierno rea­liza una buena gestión en la zona sur de la Ciudad, ¿es así?

Me parece que ellos creen que hi­cieron un montón de cosas, pero en realidad el sur de la Ciudad no es prioritario para ellos. Es cier­to que han hecho algunas cosas pero apenas una se detiene a ob­servarlas es evidente que imple­mentan políticas que tienen mu­cho más que ver con lo estético que con resolver problemas.

¿Por ejemplo?

El Metrobús de la 9 de Julio, que hace el mismo recorrido que la Lí­nea C de subte. ¿Por qué no me­joraron el servicio de subte? Hay una concepción estética europea importante y algunas cosas se conciben desde ese lugar.

La falta de vivienda es una problemática nacional, y tan­to Nación como Ciudad tienen políticas al respecto, ¿cómo analiza cada una?

Creo que la operatoria de la Ciu­dad fue cambiando. Antes, todo recaía en el IVC –el Instituto de la Vivienda de la Ciudad– y te encontrabas con inconvenien­tes que hacían casi imposible ac­ceder a la vivienda social. Ahora todo se tercerizó a la órbita del Banco Ciudad, transformándo­lo en una acción financiera. Más allá de eso es claro el déficit en materia de vivienda. La Nación tiene el plan Procrear, que toda­vía falta ver el impacto que ten­drá en la Ciudad, pero es el úni­co a gran escala para combatir esta problemática. El Gobierno porteño, por otro lado, trabaja para que la gente se vaya, para retirar a los pobres del distrito. No para incluirlos, sino para ex­pulsarlos.

¿Cómo se los expulsa?

Son decisiones que tienen que ver con qué tipo de Ciudad que­rés; qué tipo de habitante querés y a cuál querés expulsar. Porque no es casualidad que los planes de vivienda de la Ciudad priori­cen la compra de terrenos en la provincia de Buenos Aires. No es solo el bajo costo, te financio para que te vayas.

¿Cuál es su interpretación so­bre el “Círculo Rojo” de Macri?

Me pareció algo muy gracioso. Es algo así como un mensaje encrip­tado dirigido a ciertos grupos o ciertas personas. Me parece que tiene que ver con los círculos de poder, los empresarios de la co­municación que son los que ver­daderamente discuten el poder y los lugares de privilegio, y de­ciden hacia dónde va el gasto y en qué se gasta. Me parece que el ingeniero debe estar enojado para que haya dicho eso; capaz que lo amenazaron con dejarlo fuera de ese “círculo”.

En “De la A a la Z” respondió que no lee novelas.

No, no leo novelas; me gusta la realidad. Acabo de terminar La casa de los conejos, de Laura Al­coba. Es una historia real, la pro­tagonista es una nena en 1976, y relata la historia de la última casa que tuvo en la Argentina, que fue bombardeada. Su familia te­nía en la parte de atrás de la vi­vienda escondida la imprenta na­cional de Montoneros, y adelante tenían un criadero de conejos como pantalla. Me gusta leer de peronismo y me gusta leer mu­cho sobre los 70, me parece que es una deuda pendiente de estu­dio. Es fundamental conocer qué hicimos mal para poder hacer las cosas bien.

Preguntas de la A a la Z

A. Edad: 46 años.
B. Barrio donde vive: San Telmo.
C. Estado civil: Casada.
D. Signo: Tauro.
E. Religión: Católica.
F. Equipo de fútbol: Boca Juniors.
G. ¿Sus hijos van a escuela pública o privada? Uno y uno.
H. Nivel educativo: Curso en mi lugar de trabajo la Licenciatura de Gestión de Políticas Públicas (UNTREF).
I. ¿Cree en la amistad entre el hombre y la mujer? Sí.
J. ¿Qué vicio le gustaría dejar? ¿Cuál no? Me gustaría dejar el cigarrillo. Y no me gustaría dejar el vicio de la comida.
K. ¿Hace terapia? No, nunca hice.
L. ¿Qué está leyendo ahora? No leo novelas. Acabo de terminar La casa de los conejos, de Laura Alcoba.
M. ¿Cuál es su lugar preferido? Mi casa, llena de mis porquerías, adornos. Juntarlos y mirarlos me produce mucha paz.
N. ¿Infusión favorita? Café.
Ñ. ¿Qué quería hacer cuando fuera grande? En este orden: tener un kiosco, una librería y una casa de antigüedades. Después quería ser presidenta.
O. Dibujito animado preferido: Una serie, Mr. Ed.
P. Una salida nocturna: A comer. Y ver televisión en casa.
Q. Comida preferida: Todas.
R. Un defecto: Soy muy cabeza dura.
S. Una virtud: Soy muy cabeza dura.
T. Un personaje: Arturo Jauretche.
U. Un hecho que le cambió la vida: Todos los hechos me cambian la vida, permanentemente.
V. ¿A qué hora se acuesta y se despierta? Me acuesto pasadas las 2 y me despierto a las 10.
W. ¿Cena en su casa? Sí.
X. Un programa familiar preferido: Salir a comer.
Y. Una cábala: cuando fui a firmar la lista me llevé un rosario bendecido por el Papa.
Z. ¿Cuál fue su primer trabajo y a qué edad? A los 17, era cajera en un club sindical, los fines de semana. Me pagaban bien, los lunes me iba a comprar ropa.

DZ/rg

Por Diario Z

A.C. Martín Castellucci

Lo Social

AATECO

No Me Olvides

Nac&Pop

Télam