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El poder y Papel Prensa

Nota | 26 00:00:00.08.2010
No dudo que haya un ‘poder’ más poderoso que el ‘poder’ del Estado. Si puede verse a Clarín destituyendo jueces federales, concitando voluntades legislativas, deponiendo o debilitando presidentes, no dudo que Magnetto sea más poderoso que el gobierno. Y aplaudo todo lo que contribuya a debilitarlo, sin que eso me transforme en oficialista. El gobierno pasa, y hasta ahora Clarín permanece.
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Al leer el interesante estudio Pablo y la dinámica del poder de Kathy Ehrensperger, pude introducirme en las distintas teorías acerca del inquietante tema del “poder”. Max Weber lo define como la “probabilidad para hacer la propia voluntad”, Hannah Arendt como “poder para obrar en concierto”, P. Morris refiere al “poder sobre” otros y, por tanto, dominación, pero también a la “capacidad de”, por lo que no debe entenderse uniformemente en el primer sentido. Entonces, no debería pretenderse –afirma Habermas– que uno de los dos sentidos (esto es, “poder para” y “poder sobre”) subsumiera al otro. La imagen de “poder sobre”, que también sostienen Lukács y Foucault, destaca la capacidad de la “estrategia”, por lo que no debe dejarse de lado este tema en el análisis de las sociedades. Acentuando el “poder para” –según el esquema “mandato-obediencia”–, Hannah Arendt lo distingue de “violencia” y señala que “el poder está en la esencia de todo gobierno, la violencia no”, tanto que son opuestos y cuando uno rige, el otro está ausente. La necesidad de respetar el pluralismo está, también, en el núcleo de su mirada. Habermas mantiene que entender la dinámica del poder sólo como “comunicación” es muy limitado. La “comunicación” no es un sentido en sí mismo, sino “estratégica”. La perspectiva de Arendt corre el riesgo evidente de ser “rosada”.
Pasando del esquema mandato-obediencia al de dominación-subordinación, algunas corrientes feministas (A. Allen) rescatan elementos de Arendt en orden a la acción conjunta de “víctimas impotentes”, a “empoderarse”; en este caso, la característica es la “solidaridad”, acentuando –en diálogo también con Foucault– el “poder con”. T. Wartenberg propone el ejemplo de la paternidad en la que se supone que los hijos tienen la necesidad de ser guiados y tener límites por parte de sus padres, teniendo en cuenta que no son capaces por sí mismos de juzgar lo mejor para ellos. Ese “poder sobre” es calificado como “transformativo”. Así, destaca que hay actitudes “paternalistas” que buscan ser “estables”, mientras que las propiamente transformativas son “dinámicas” y se vuelven obsoletas a medida que el destinatario se empodera. Pero, en este caso, emerge la necesidad de la confianza por parte de la parte “débil” de la relación; mientras no haya “confianza” hacia la parte “fuerte”, no emerge la relación transformativa del poder. Es la confianza la base transformadora del poder, relación que se va transformando a medida que la parte “débil” se empodera hasta ser “igual”, y el “poder sobre” y “poder de” se transforman en “poder de” y “poder con”.  En realidad, esta introducción pretende iluminarme acerca del “poder” en nuestra sociedad contemporánea.
Resulta que el “poder” Ejecutivo propone una ley al “poder” Legislativo, y a su vez pide investigación al “poder” Judicial –acerca de Papel Prensa– y algunos sectores hablan de “abuso de poder”, de “autoritarismo”, o de “régimen”. Pareciera que para la oposición es preferible que un monstruo bicéfalo se “autocontrole” en la distribución de la materia prima indispensable para el funcionamiento del “cuarto poder”, antes que sea algo “controlado” por los tres poderes del Estado. Aquella frase de Perón: “los hombres son buenos, pero si se los controla son mejores”, no parecen recordarla algunos supuestos “peronistas”.
Entiendo que algunos radicales, perfecta “licuadora” de poder, vean con preocupación que quien gobierna pretenda “tener poder” y “ejercerlo”. Alfonsín supo mostrar cómo perdía poder semana tras semana, a pesar de haber asumido con altísima credibilidad (= confianza), por no hablar de la Alianza, que “eligió” perderlo día a día.
Una de las experiencias que nos dejó la dictadura es el “poder” que tienen los que lo ejercen en las sombras. Es sabido que fueron estos antes que los militares los que gestaron el golpe genocida, para lo que lograron (con el invalorable apoyo del “cuarto poder”) la creación de un clima favorable en la siempre voluble “clase media”. Inseguridad y desabastecimiento fueron armas letales para el inepto gobierno de María Estela Martínez. No es casual que al día siguiente que el genocida Videla asumiera el “poder”, desapareciera instantáneamente el desabastecimiento, desaparecieran los paramilitares de la Triple A y el FMI otorgara un crédito a la Argentina. Cuando se lee a Gustavo Grobocopatel decir que si bajaran las retenciones, podría haber más inversiones, no puedo menos que reír y recordar la frase antedicha de Perón. Cuando la década infame menemista bajó los aportes patronales, estos no sólo no invirtieron más sino que empobrecieron al país. Sinceramente, entre que un empresario invierta (cosa que dudo seriamente que haga, o que lo haga de modo que sirva al país, como es evidente en Corrientes con la represa de Ayuí) o que el gobierno destine fondos a la Asignación Universal por Hijo, opto por esta última.
Pero no dudo que haya un “poder” más poderoso que el “poder” del Estado. Si se puede ver a Clarín destituyendo jueces federales, concitando voluntades legislativas, deponiendo o debilitando presidentes, no dudo que Magnetto sea más poderoso que el gobierno. Y aplaudo todo lo que contribuya a debilitarlo, aunque eso no me transforma en oficialista. El gobierno pasa, y hasta ahora Clarín permanece.
 Cuando veo la comida chez Magnetto y la sumisión del quinteto opositor, me recuerda aquellas comidas organizadas por Triaca en el Jockey Club o las de los cuarteles donde  se “cocinaba” nuestro futuro. En lo personal, debo felicitar a los asesores de Mauricio Macri, ya que no sólo han logrado transmitir su imagen como la de un “ejecutivo” –¿qué ejecutó?, hospitales y escuelas, además de teléfonos– sino que, además, han logrado hacer que parezca inteligente, cosa que hasta él mismo parece haber creído. Notable logro de la psicología aplicada. Y ahora tenemos una comida alla Carrió, donde otros sectores se reunieron a comer pastas, para escuchar tanto a la gurú de cuestiones apocalípticas, a la empleada de Clarín en diputados y a la coherente Patricia Bullrich (¿o no es coherente una persona que está cada año en un lugar distinto?). En lo personal, entiendo y estoy de acuerdo con que el/la presidente/a busque acumular “poder”. Claro que después habrá que ver “poder para qué” o “para quién”. Entiendo, también, que la oposición busque socavar ese “poder”, aunque quisiera que fuera en orden a empoderar a las víctimas allí donde el gobierno no lo hace. Pero someterse a un poder mayor me parece suicida (¿o creen que si Clarín los ayuda a alcanzar el poder no será él mismo el que mañana los deconstruirá?), me parece políticamente torpe y de dudosa actitud democrática, aunque pretendan mostrarse así.
Y una última nota sobre “algunos”. Me permito una analogía con algunos colegas curas. Conozco decenas de curas honestos, dedicados y generosos, pero que terminan tan encerrados en la burbuja eclesiástica que no pueden mirar más allá (¡y hay un “más allá” de la institución eclesial!), y terminan creyendo –por ejemplo– que la condena pública a los pedófilos es persecución a la Iglesia. Escuchando a “algunos” miembros del “cuarto poder” me parece que también se han metido en la “burbuja”, sea esta “corporación periodística” o, peor aun, “Grupo Clarín”, y se han vuelto incapaces de mirar fuera; ¡y también hay un “más allá” de Clarín! Y sabiéndolo o no, no sólo son funcionales a un poder mayor, sino que –aunque no lo crean– me parece que pierden libertad, porque no pueden morder la mano que les da de comer. 

Por Eduardo de la Serna

A.C. Martín Castellucci

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